En los últimos meses, ha habido noticias sobre estos temas que se presentan confusos y engañosos. Los empleadores deben tener mucho cuidado y verificar la veracidad de la información presentada, ya que prolifera de todo, verdades, verdades a medias, o no verdades.

Los grados académicos son solo tres: bachiller, magíster y doctor y son otorgados a nombre de la nación al haberse cumplido un número de créditos y otros requisitos legales como una tesis de bachiller o de magíster, en las que se aplique el conocimiento recibido, o una disertación doctoral, con la cual se muevan las fronteras del conocimiento.

Estos grados deben ser especificados como tales en los CV y pueden ser verificados en las universidades que los emiten.

La licenciatura no es un grado académico, es un título, y lo otorgan las universidades al completar también requisitos legales, lo cual es importante para colegiarse y poder ejercer una profesión, especialmente en las que se deben firmar documentos legales como planos, estados financieros, prescripciones médicas, entre otros.

La mejor carta de presentación para un verdadero doctor es su investigación y su aporte a la ciencia, del latín ‘conocimiento’, la cual se agrupa según el epistemólogo alemán Rudolf Carnap (1955) en ciencias formales, ciencias naturales y ciencias sociales.

Estas investigaciones deben estar registradas en bases de datos de disertaciones doctorales como el ProQuest Digital Dissertation. El encontrar una investigación doctoral en esa base de datos o una similar es una prueba de autenticidad del grado obtenido y de su calidad.

Lo que podría resultar más engañoso es cuando las personas colocan “estudios en tal cosa y en tal universidad”, vaguedad total que confunde (¿engaña?) al lector, haciéndole creer que se graduó en dicha universidad y de esa carrera. Esa suerte de impostura va desde haberse sentado a estudiar en una de las carpetas de esa universidad cuando visitó dicha ciudad; haber seguido estudios, abandonarlos y no concretar un grado académico; hasta haber seguido un curso de muy corta duración no conducente ni siquiera a una diplomatura.

Esto está muy de moda hoy para arrogarse falsos logros.

Existen programas serios de mediana duración conocidos como diplomaturas con requisitos formales para obtenerlas. En este caso se debe indicar “diplomatura en tal área” al ser un diploma válido y otorgado por buenas escuelas o universidades.

Los apelativos muchas veces no indican la realidad: llamar doctor a un abogado, médico, odontólogo, veterinario, es más una cortesía, ya que lo serían solo si hubieran alcanzado el grado académico de doctor.

El sistema de otorgamiento de grados en el Perú es deficiente y perverso, ya que es impensable que ciertas universidades de muy baja reputación otorguen doctorados con investigaciones de muy pobre nivel.

Solo deberían otorgar el grado de doctor aquellas universidades acreditadas internacionalmente para testimoniar esos importantes grados académicos.

Esperemos que con la nueva Ley Universitaria y la creación de la Sunedu esto se ordene con celeridad y poder recomponer el sistema de otorgamiento de grados en el Perú.

Debería intervenirse esos lugares donde se sabe se falsifican grados, títulos y constancias para evitar que aparezcan estafadores y engañen al sistema.

 

 


 

Via: El Comercio

 

 

 

 

 

 

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